En el país, un informe oficial revela que existe un perfil claro y predominante entre las víctimas fatales de accidentes de tránsito. Principalmente, se trata de varones jóvenes, con edades comprendidas entre los 15 y 34 años, quienes resultan ser los más afectados. 

Las políticas de tránsito orientadas principalmente a la recaudación han logrado reducir la cantidad de accidentes viales en los últimos dos años, aunque no han logrado disminuir la proporción creciente de usuarios vulnerables involucrados en estos siniestros. De acuerdo con la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), en 2023 se registraron cerca de 4.000 muertes por accidentes de tránsito en el país, donde los peatones representaron el 11% y los ciclistas el 4% de las víctimas fatales, cifras que aumentan en las grandes ciudades donde el uso de la bicicleta se ha masificado.

En las principales urbes, más del 30% de las muertes viales corresponden a quienes se movilizan sin vehículo motorizado. Anualmente, se estima que fallecen alrededor de 6.000 personas y se reportan más de 100.000 heridos, de los cuales un 14% sufren lesiones graves. Los accidentes más comunes son colisiones, y la principal causa sigue siendo el error humano, incluyendo negligencia, distracciones y consumo de alcohol, que representan el 89,5% de los incidentes. La mitad de estos siniestros ocurre en rutas nacionales, poniendo en evidencia la gravedad del problema fuera de las áreas urbanas.

Un informe de la Secretaría de Transporte de la Nación presenta una visión complementaria y a la vez contradictoria respecto a la ANSV, destacando que la víctima fatal tipo es un varón joven de entre 15 y 34 años que circula en motocicleta, un grupo vulnerable que no siempre aparece reflejado en otras estadísticas. Además, se reconoce la falta de regulación integral que proteja a todos los usuarios vulnerables y se enfatiza la importancia de alcanzar una “responsabilidad compartida” entre Estado, sociedad civil y sector privado para garantizar infraestructuras seguras, controles efectivos y una cultura vial basada en el respeto y la prevención.

En respuesta a esta situación, muchas ciudades del mundo están adoptando modelos de movilidad que priorizan a las personas por sobre los vehículos motorizados, promoviendo el uso de medios activos como caminar y andar en bicicleta. Aunque Buenos Aires ha avanzado parcialmente en este sentido, mediante la implementación de ciclovías y otras medidas, aún queda mucho por hacer para fomentar una movilidad más segura y sostenible. La integración de objetivos como la reducción de siniestros, contaminación y ruido, junto con la promoción de un entorno urbano saludable, pasa por diseñar espacios viales seguros, reducir las velocidades en zonas residenciales y fortalecer los controles para evitar conductas de riesgo.

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