Veteranas de la aviación revelan las tres cosas que siempre evitan en el aire para mantenerse cómodas y saludables.

Cuando pensamos en volar, solemos preocuparnos por el asiento, el equipaje o el entretenimiento a bordo, pero rara vez prestamos atención a lo que comemos y bebemos durante el vuelo. Sin embargo, las azafatas, que pasan gran parte de su vida en aviones, saben perfectamente qué evitar para mantenerse saludables y cómodas a miles de metros de altura.

Sue Fogwell, con más de dos décadas en el aire, advierte que lo primero que hay que descartar es el agua del grifo del avión. Aunque muchos pasajeros no lo saben, ese agua proviene de tanques a bordo que son notoriamente difíciles de limpiar. De hecho, estudios han detectado bacterias peligrosas en esas reservas. Así que cada vez que te ofrezcan un té, un café o incluso agua servida en jarra, pensalo dos veces. Fogwell asegura que ella solo toma bebidas de botellas selladas o latas, una práctica sencilla que puede evitarte problemas digestivos.

Por otro lado, Josephine Remo, que trabajó siete años como tripulante de cabina, señala otro enemigo silencioso: los alimentos que producen gases. A bordo, los cambios de presión afectan el cuerpo, y comer cosas como brócoli, lentejas, cebolla o frijoles solo intensifica esa incomodidad. Aunque en tierra sean saludables, en el aire pueden convertirse en una fuente de hinchazón molesta, haciendo del viaje una experiencia mucho menos agradable.

Finalmente, ambas coinciden en tener cuidado con las bebidas saladas, como el clásico Bloody Mary. Si bien es sabido que este cóctel sabe particularmente bien en altura por los efectos de la presión sobre las papilas gustativas, su alto contenido de sodio es un problema. En un ambiente tan seco como el de un avión, consumir sal en exceso acelera la deshidratación y puede generar malestar general. Por eso, recomiendan alternar cada bebida alcohólica con un vaso de agua embotellada, para ayudar al cuerpo a mantenerse equilibrado.

Las recomendaciones de estas profesionales no vienen solo de la teoría, sino de años de observar qué cosas afectan realmente a los pasajeros. Así que la próxima vez que subas a un avión, más allá de elegir la película o el snack, pensá también en qué decisiones simples pueden hacer que llegues a destino sintiéndote mucho mejor.

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