Un trastorno del lenguaje que impacta en la capacidad de comunicarse y que, aunque no afecta la inteligencia, deja huellas profundas en la vida de quienes lo padecen.
La afasia es una alteración adquirida del lenguaje que interrumpe la capacidad de hablar, comprender, leer o escribir, sin afectar el intelecto. Es común que la persona sepa lo que quiere decir, pero no consiga expresarlo: “A veces el mensaje se traba o cambian unas palabras por otras”, explica la neuropsicóloga Lucía Crivelli, jefa de Adultos en Fleni, entrevistada por Infobae.
Este trastorno suele surgir a raíz de un accidente cerebrovascular—que lo provoca en uno de cada tres casos—aunque también puede deberse a traumatismos craneales, tumores o cirugías neurológicas. En la Argentina, se estima que alrededor de 250.000 personas conviven con afasia, y cada año se suman unos 5.000 nuevos casos.
La enfermedad puede presentarse de formas distintas según la zona cerebral afectada: la afasia de Broca dificulta la expresión oral, mientras que la de Wernicke complica la comprensión del lenguaje. La recuperación depende del tamaño de la lesión, la edad del paciente y, sobre todo, de la intervención temprana y sostenida a través de logopedia o neurorehabilitación.
Además del tratamiento profesional, la inclusión social y la contención familiar son fundamentales. La especialista advierte que el desconocimiento del trastorno aísla a quienes lo padecen, por lo que fomentar la empatía—darles tiempo para expresarse y reconocer otros modos de comunicación—puede marcar una gran diferencia.






