El reparto de los beneficios está lejos de ser equilibrado. Geograficamente, Neuquén puede aprovechar a pleno, mientras que Río Negro va atrás, quedando relegada a un rol secundario.
Si bien ambas provincias comparten parte del territorio donde se encuentra la formación, las diferencias en el desarrollo son marcadas. Neuquén concentra el grueso de la actividad hidrocarburífera, cuenta con mayor infraestructura y atrae la mayoría de las inversiones, lo que le permite sacar una ventaja clara en términos de producción y crecimiento. Por su parte, Río Negro tiene una participación mucho más acotada, con menor impacto tanto en volumen como en beneficios económicos derivados del yacimiento.
Durante el año pasado, el auge de Vaca Muerta le dejó a Neuquén unos 1500 millones de pesos en regalías. Para Río Negro, en cambio, se estima un ingreso de apenas 154 millones en 2025.
En términos de producción, la provincia rionegrina extrae unos 4700 barriles diarios desde octubre, una cifra que representa apenas una décima parte del rendimiento neuquino, marcando así una brecha clara en el acceso a los recursos energéticos y sus consecuencias económicas.






