La investigación, realizada con más de 700 participantes, concluyó que quienes juegan videojuegos no presentan más problemas psicológicos que quienes no lo hacen. Incluso, algunos mostraron mejores estrategias de afrontamiento.
El trabajo publicado en Psychological Reports analizó la regulación emocional, los rasgos de personalidad y la capacidad de relacionarse de gamers y no gamers. Los resultados desmintieron la idea de que jugar implica mayor riesgo de aislamiento o inestabilidad psicológica.
Las diferencias encontradas fueron mínimas: los jugadores presentaron leves aumentos en rasgos antisociales y esquizotípicos, mientras que los no gamers mostraron más tendencia a la dependencia y la evitación. Tras ajustar por edad, la mayoría de estas variaciones perdió relevancia.
En cuanto a las relaciones interpersonales, no hubo contrastes significativos. Ambos grupos mostraron igual capacidad de vinculación y seguridad afectiva, lo que refuta la noción de que los videojuegos generan aislamiento social.
El estudio destacó que los gamers emplean con mayor frecuencia mecanismos de defensa maduros, como el humor y la anticipación, considerados más sanos que los neuróticos. Para los autores, estos hallazgos invitan a cuestionar los prejuicios que históricamente asociaron a los videojuegos con problemas de salud mental






