El gobernador mantuvo encuentros en Buenos Aires para detallar el deterioro de las principales rutas, la falta de recursos para afrontar jubilaciones y la urgencia de recibir aportes nacionales, junto con pedidos específicos sobre el Tren del Valle y la política energética que impactará en Río Negro.

Uno de los puntos que expuso con mayor énfasis fue el estado crítico de las rutas nacionales que cruzan el territorio rionegrino. Kilómetros de calzada desgastada, tramos donde la falta de mantenimiento se volvió una amenaza para la producción y la seguridad vial, y obras paralizadas que hoy funcionan como símbolos de una desinversión prolongada. Para Weretilneck, garantizar la transitabilidad de estas arterias es una condición indispensable para sostener la economía regional, desde las exportaciones frutícolas hasta el turismo que alimenta buena parte del empleo en la provincia.

Otro capítulo central fue el previsional. El gobernador explicó que la Caja de Jubilaciones atraviesa un desbalance que se profundiza mes a mes y que la Provincia no puede cubrir con recursos propios sin perjudicar otras áreas esenciales. Señaló que la falta de actualización en los envíos nacionales agravó la situación y que la continuidad del sistema, tal como está, exige un acuerdo inmediato que defina aportes extraordinarios o un mecanismo de compensación estable. La exposición dejó en claro que este es, ahora, uno de los puntos más sensibles de la agenda provincial.

En paralelo, Weretilneck insistió en que Río Negro necesita una señal concreta sobre proyectos estratégicos. El más emblemático es el Tren del Valle, una obra largamente prometida que, de concretarse, reordenaría la movilidad en el Alto Valle y ampliaría la red de conectividad productiva. Sumó a eso la necesidad de definiciones en materia energética, especialmente en relación con los desarrollos que impactan en el litoral marítimo rionegrino y en la infraestructura que podría integrarla con los sistemas nacionales de transporte.

Cada uno de estos reclamos —rutas, previsión, aportes, transporte y energía— forma parte de un mismo tejido: la urgencia de clarificar el horizonte provincial. Weretilneck dejó asentado ante los funcionarios nacionales que Río Negro no está pidiendo privilegios, sino respuestas que permitan evitar un freno económico y social. Ahora, con la carpeta entregada y los diagnósticos en manos de Nación, la expectativa queda suspendida entre compromisos verbales y la necesidad de que lleguen decisiones que, esta vez, no puedan postergarse sin consecuencias.

En ese delicado equilibrio avanza la gestión rionegrina, esperando que los próximos gestos del Gobierno nacional actúen como una bisagra capaz de destrabar lo que hoy parece inmóvil. Los tiempos políticos, como las rutas mencionadas, también muestran señales de desgaste; y esa combinación vuelve más urgente que nunca la obtención de respuestas que puedan sostener el pulso de la provincia en los meses por venir.

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